Exterminio y Nazi : dos palabras nunca condenadas por Roma

 

– La mentira más grande jamás contada –

 

Schopenhauer, en el siglo pasado, en una frase lacónica y certera, había condensado de forma lapidaria todo un argumento, una sentencia inapelable :

¨ el judío es el maestro de la mentira ¨.

Pero la mentira creada en olor de holocausto, en torno a la fábula de los ¨seis millones¨ de judíos muertos durante la segunda Guerra Mundial, ultrapasa todos los límites de la imaginación y, por su volumen y tamaño, no dudamos en catalogarla como la mayor y más pertinaz mentira que jamás se haya contado, la tergiversación histórica más sobresaliente y, en cualquier caso, la falsedad que terminará por denigrar al pueblo que la inventó.

Con insistencia enfática, se ha repetido hasta la saciedad, que seis millones de judíos fueron gaseados o incinerados vivos en hornos crematorios durante el último período de la II Guerra Mundial, pero lo cierto y verdad es que el período de mayo de 1942 a junio de 1944 los propios interesados —los judíos— no tenían información alguna sobre exterminios masivos, los cuales, de haberse producido, no pudieron haber sido ocultados por mucho tiempo. La conclusión es de una simplicidad infantil : no hubo información sobre exterminios durante el llamado período crítico y no hubieran podido mentenerse en secreto exterminios masivos, por lo que no los hubo.

Tanto los documentos surgidos durante la guerra, como el comportamiento de los judíos en la Europa ocupada, demuestran que los judíos no tenían ninguna información referente a un programa de exterminio. La resistencia a la deportación era algo raro, y que los judíos se dejaran transportar a los distintos campos, sin ninguna sospecha de que iban a ser exterminados, es algo que ha venido sabiéndose muy bien durante muchos años. Para enfocar el caso de un solo hombre que, ciertamente, tendría que haber estado muy bien informado, tomemos al rabino Leo Baeck ¨venerada cabeza de la judería alemana ¨. El rabino demostró, a través de una carta que escribió en noviembre de 1942, que no tenía conocimiento alguno de que los deportados judíos estuvieran siendo matados. Además, por sus propias declaraciones de postguerra, se sabe que no previno a otros judíos, porque tales imaginarias matanzas no existían. Es de destacar que las acusaciones de postguerra no se parecen en nada a las informaciones existentes durante la guerra, lo que eviedencia una mentira urdida en el odio de la revancha.

Ningun gobierno aliado ni sus funcionarios actuaron durante la guerra con la más mínima sospecha de que ningún ¨ holocausto ¨ se estaba produciendo y sus servicios de inteligencia nunca produjeron información de ninguna índole que corroborara tales asertos. El propio Foreign Office nunca creyó las acusaciones de exterminio y en el ¨ Colonial Office ¨ un funcionario las denominó como ¨material lacrimógeno de la Agencia Judía ¨. El Gobierno suizo lo consideraba como ¨ propaganda extranjera de rumores de la peor calaña ¨.

Tampoco El Vaticano creyó jamás las acusaciones de exterminio. La naturaleza amplia y extensa de las operaciones de la Iglesia Católica hubiera sabido de inmediato lo que estaba sucediendo a los judíos. No obstante, no hubo ninguna condena inequívoca referente a exterminio de judíos que saliese del Vaticano, incluso después de que los alemanes abandonaron Roma, ni tampoco después de la derrota alemana. Y ello, a pesar de las fuertes presiones impuestas al Vaticano por los aliados a los efectos de obtener una declaración en ese sentido de Pío XII.

No existe un solo documento incautado a Alemania que hable de exterminio alguno, ni existe orden escrita de Hitler para matar judíos, ni hay el más leve atisbo de documento referente al diseño y a la construcción de cámaras de gas. Para cualquier ingeniero, está completamente fuera de cuestión la posibilidad de suprimir todos los documentos históricos normales que ncesariamente acompañan a proyectos de envergadura, tales como los que forzosamente deberían haber culminado en la construcción de grandes cámaras de gas. Los planos no solamente deben ser dibujados, sino también distribuidos a un número considerable de individuos encargados de ciertos detalles. No hay otro modo de lograr la coordinación indispensable. Incluso si los documentos más importantes son controlados muy de cerca, los distintos individuos intervinientes en el proyecto, reunidos en conjunto, tendrían que poder suministrar detalles — de un modo u otro — y estos detalles compilados, deberían ser coheréntemente creíbles. Carecemos de esta coherencia en todo lo relativo al holocausto.

A mayor abundamiento la resistencia alemana a Hitler, incluyendo a la que estaba enquistada en el aparato de la inteligencia militar alemana, no tenía conocimiento, en modo alguno, de un programa para exterminar a los judíos.

La leyenda negra acerca de que se había decidido ¨ gasear ¨ a todos los judíos de Europa es tan falsa que ni los propios judíos pueden creer en ella.

El Centro Mundial de Documentación Judía Contemporánea, en Tel Aviv, no ha tenido más remedio que admitir y reconocer públicamente que nunca existió una ¨ orden de exterminio ¨. Pero, por si esto fuera poco, también hay otros datos sumamente reveladores. El internacionalmente conocido historiador inglés David Irving ofreció 10.000 dólares a cualquiera, en condiciones de probar que Hitler supo de una orden o haya emitido personalmente una orden, cualquiera que fuese su texto, para ¨ gasear ¨ a una sola persona. Los 10.000 dólares nunca fueron cobrados. El Institute of Historical Review de Estados Unidos ha ofrecido 50.000 dólares a cualquiera que pueda probar que los ¨ nazis gasearon a una sola persona ¨. La oferta sigue en pié hasta el día de hoy. El profesor francés Paul Rassinier, que no sólo no fue pro-nazi, sino que estuvo detenido en los campos de concentración de Buchenwald y de Dora, pasó años enteros viajando por toda Europa para localizar a alguien que, durante la guerra, hubiese visto realmente una sola cámara de gas ; no encontró a nadie.

 

 

– La palabra ¨ nazi ¨ –

La palabra ¨nazi¨ fue inventada por un periodista judío, Konrad Heiden, en 1922.

¨El término ¨nazi ¨ ( junto con el ¨nazismo ¨ ) es un epíteto político inventado por Konrad Heiden como una forma de denigrar el NSDAP y el NacionalSocialismo.

Se consideraba el término como despectivo por los nacionalsocialistas y nunca lo utilizaron para describirse a sí mismos.

No hay tal cosa como un ¨nazi ¨, excepto en la propaganda ( La Famosa Propaganda, de guerra ) que fue inventada y vomitada por este sionista, tampoco hay tal cosa como un ¨neo-nazi ¨ya sea aquellos que describen a sí mismos como tales que son tan ignorantes como los que dicen que odian a los ¨nazis ¨ y son igualmente engañados.

Heiden ( 7 ag. 1901 a 18 jun. 1966 ) fue un periodista y miembro del Partido Social Demócrata, escribe una serie de libros hilarantes satanizando a Hitler llenos de fantasías, propaganda política y burdas mentiras, uno de sus libros tiene el sugestivo título de ¨ La Nueva Inquisición ¨.

El término ¨nazi¨ es una variante del apodo que se utilizaba en referencia a los miembros del SDP en el momento ¨Sozi¨ ( abreviatura de Sozialisten ). ¨ Nazi ¨ era un juego de palabras dentro de la política, basada en la palabra de argot austro-bávara de ¨ tonto ¨ o ¨paleto ¨, y deriva del nombre bastante común Ignatz. Sería como decir ¨ Nutsy ¨. Por lo tanto, si no por otra razón, uno debe entender fácilmente por qué se consideraba el término como despectivo por los nacionalsocialistas y por qué nunca lo utilizan para describirse a sí mismos.

También hay que ver por qué sería utilizado y popularizado por los agitadores marxistas-bolcheviques y entender cómo fue aprovechado por varios otros opositores y tipos subversivos, tanto dentro de Alemania y en el extranjero, incluidos los medios de comunicación internacionales y líderes políticos de las potencias occidentales. ¨

 

NombreKonrad_

Imagen, sobre éstas líneas, del judío sionista, agitador subversivo, Konrad Heiden, inventor de la palabra sionista de : ¨nazi¨, para descalificar y publicitar malaprensa contra el Patriotismo occidental  u europeo, contra la nación de Alemania, del primer tercio del s. XX.

 

 

 

 

Bibliografía

Ferraro, L. : El Último Protocolo ( Las claves secretas del dominio sionista mundial ), ( pág. 257 en pre-documento, pág. 302 para su formato del original ), Madrid, 1986.

LA INEXISTENTE CONDENA DEL NAZISMO ( Leyenda manufacturada puesta en boca del Papa ).( Breves apuntes de investigación )

 

 

Documentos para descarga exclusivamente para su consulta

Ferraro Leo – El último protocolo

El Vaticano nunca condenó el Nazismo

 

 

 

 

9 comentarios sobre “Exterminio y Nazi : dos palabras nunca condenadas por Roma

  1. Además, el número mágico de los seis millones tiene como propalador, si se lo quiere llamar así, al judío soviético Ilya Ehrenburg, autor también de la orden (una carta blanca) dada a los soldados soviéticos de violar a las mujeres alemanas.

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